Ellos viven, nosotros nos diferenciamos. Crítica de La trampa de la diversidad

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Carlos Mozo (@senor_mozo) estudia Economía y es miembro de Economía Alternativa

Esta historia empieza hoy mismo. Andaba por el metro con mi libro firmado hace un par de semanas pensando en cómo estructurar el artículo que tenía en mente desde hacía unos días cuando ocurrió algo deliciosamente casual. Veo subiendo las escaleras un panfleto publicitario del que alcanzo a leer el lema en un puesto instalado al final de estas. El lema es el siguiente: “Vive la diferencia”. Sin duda algo muy directo y sugerente para el tema que voy a tratar.

Mis suspicacias sobre el contenido estallan de gozo al verlo. Es, nada más y nada menos, que un anuncio de residencias de alto standing en Aravaca. ¡Qué maravilla! “Vive la diferencia de pagarte un estudio unipersonal por no menos de mil euros al mes” “Sé distinto, eres único y diverso. Te expresas en tu esencia a través de tu individualidad, no seas como esos que se van a compartir pisos de 700 euros. Esos no son tan diversos como tú”. A pesar de la gran fiesta de la diversidad que ese puesto emana resulta paradójico el gesto torcido y la duda del encargado en ceder un folleto al ver que un joven con camiseta extraña y riñonera se interese por su puesto, no sé, supongo que no soy tan diverso como el grupo que me precedió.

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Esta anécdota resulta paradigmática de la tesis del libro de Daniel Bernabé, ”La trampa de la diversidad”: La diversidad, un valor en principio positivo, ha caído en las últimas décadas, posmodernismo mediante, en los intereses del neoliberalismo, convirtiéndola en una trampa que hace de las decisiones y gustos un mercado en el que diferenciarse los unos de los otros, y en este juego de la diversidad como mercado, la izquierda y el activismo pierden cada vez más pie ante la imposibilidad de crear discursos que trasciendan de productos de consumo electoral, arrastrando a la acción colectiva por el camino. Todo esto no se traduce solo en consecuencias puramente políticas, sino también en la vida pública y cotidiana.

Para contextualizar esta tesis, Bernabé desarrolla un recorrido histórico de la evolución de la posmodernidad, el neoliberalismo, la acción colectiva y la clase media que resultan paradójicos. Mientras Bernabé critica del posmodernismo la inoperancia del individualismo implantado por el neoliberalismo a fin de desarmar la acción colectiva, siendo esta la clave fundamental para el cambio social, peca a su vez de un discurso agencial bastante común.

Bernabé nos nombra en el tercer capítulo los casos más que paradigmáticos de Reagan y Thatcher como representantes del giro conservador en la política internacional y del cambio de ortodoxia en la economía. Por sus palabras casi se les podría considerar, si no impulsores de este cambio, sí en cualquier caso agentes al servicio de una estrategia burguesa que estuvo buscando su momento desde la posguerra. Los análisis de este tipo pecan, como ya se ha dicho, de otorgar demasiada importancia a los agentes partícipes concretos. ¿Hasta qué punto cabe considerar que el cambio de ortodoxia económica y de aplicación no solo de medidas económicas sino cambios en lo cultural se debe a un plan de las élites? Siendo cierto que funcionaron como agentes catalizadores perfectos, finalmente es el contexto de agotamiento del modelo productivo de posguerra, la crisis de rentabilidad derivada de ello, las dificultades generadas con los precios del petróleo y el fin del sistema oro-dólar lo que provoca el nuevo contexto. ¿Acaso con este contexto y distintos líderes la ofensiva neoliberal no habría sido posible? A lo mejor cambiaría en forma y momento, pero extrañamente este cambio sería muy distinto.

De la misma forma, este agencialismo que sitúa Bernabé sobre los protagonistas del giro conservador de los 80’ lo sitúa también en los impulsores del posmodernismo. Es en el segundo capítulo donde relaciona el auge de este con la necesidad de una corriente alternativa de crítica al sistema que robe hegemonía académica al marxismo en la Europa de los 60’. Sin atribuir en este caso un plan de las élites al desarrollo intelectual del posmodernismo, sí que se refiere a un aprovechamiento por parte de las clases dominantes décadas después, que, aunque pueda ser cierto, en última instancia deja al posmodernismo en un papel instrumental para el capital, reduciéndolo a un concepto poco más que utilitario y sin ser capaz, no ya de abordar, sino de admitir la riqueza y profundidad de este como fenómeno más allá de un par de líneas muy matizadas. Sin ser precisamente quien les habla un “posmo” desnortado, para comprenderlo en su naturaleza se necesita más rigor.

 

Crítica de la crítica a la crítica crítica

El 19 de enero de 2018 se estrenaba El joven Karl Marx, una película sobre los años de juventud de Marx y Engels llegando hasta la fecha de publicación del Manifiesto Comunista. En una escena se bromea sobre el título que ponerle a La sagrada familia, bromeando con llamarlo Crítica de la crítica crítica. Sin duda, si hay una forma interesante de acercarse a los planteamientos sobre la diversidad de Bernabé esta es a través de las críticas que ha recibido en estas semanas en redes sociales y artículos y comprobar la veracidad de dichas críticas con el contenido del libro. Diríamos que para desvelar la trampa de la diversidad hay que hacer una “crítica de la crítica a la crítica crítica”.

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Esta es probablemente la que se pueda considerar la pregunta del millón: ¿Es La trampa de la diversidad una crítica a la diversidad como concepto o al activismo que se sustancia en ella (políticas de diversidad)? A pesar de lo que hayáis leído en Twitter os digo que, para desgracia de algunos, no es así ni mucho menos, y es ciertamente sorprendente porque para comprobar esta afirmación solo haría falta con leer la contraportada, y no necesitar leerse las mil aclaraciones que repite de forma recurrente Bernabé a lo largo del libro. No sé si esta duda nace del puro desconocimiento desvergonzado o de la manipulación intencionada, pero en cualquier caso, sin duda parece que como desea el propio Bernabé que no ocurra, pareciera que muchos han interpretado que hay que ir contra las orquestas de jazz fusión y no contra quien se aprovecha de su simbolismo (pág. 148)

Los comentarios en Twitter sobre este libro son cuanto menos sorprendentes. Desde las ya mencionadas mentiras descarnadas sobre el planteamiento troncal hasta acusaciones de “derechización” y comparaciones con “ínclitos” personajes como Santiago Armesilla. Todo esto revela efectivamente la incapacidad de la izquierda ciberactivista de valorar la importancia del debate que se nos plantea en este libro, demostrando en sus mismas actitudes cómo el mercado de la diversidad bombardea y reina en el seno de esta.

Cabe señalar la importancia del hecho de que como ya insistimos Bernabé no culpa a las políticas de identidad o a la diversidad como concepto como causantes de la trampa de la diversidad, sino que son víctimas de ella. Es esta trampa la que permite a Netta Barzilai, ganadora de eurovisión por Israel, cantar en el Orgullo de Madrid, y ante la cual hay protestas por el blanqueamiento de los crímenes israelíes con su actuación. Quien se aprovecha del espectro de la diversidad sexual no es quien la vive y sufre por ello, sino quien lo convierte en un producto del mercado para concretrar la disputa ideológica en lo simbólico.

Otra crítica que se le podría hacer a La trampa de la diversidad es que prioriza la contradicción material del capital-trabajo (lucha de clases/políticas de distribución) sobre el resto de contradicciones cuya importancia discursiva gira en torno a lo simbólico (políticas de representación). Tal interpretación de las palabras de Bernabé supone por un lado no considerar que más allá de su importancia sin duda hoy en día en el centro del debate político están mucho más presentes las cuestiones representativas que las redistributivas y que el lema “There is no Alternative” tan thatcherista ha calado a nivel económico en todo Occidente. Es obviar también que el conflicto entre cuestiones materiales y simbolismo no consiste en que uno deba machacar al otro y que ambos pueden (y deben) convivir dentro de la izquierda. También es, en última instancia, no valorar que si las políticas de diversidad eclipsan a las distributivas en la izquierda no es por otra cosa que porque, mientras las primeras conjugan con las exigencias de acumulación capitalistas, con las segundas dicha conjunción es totalmente inviable.

Sin embargo, si es cierto que el propio Bernabé plantea que en última instancia las contradicciones materiales son más importantes que las simbólicas: “¿Estamos afirmando que dar una respuesta a la troika es más importante que las políticas de diversidad? Por supuesto que lo afirmamos.” (pág. 234).

Ante esta afirmación hay dos cosas que decir. En primer lugar, que la suscribimos plenamente, y es que como el propio Bernabé explica: “se trata de darnos cuenta de que determinadas cuestiones en el ámbito material son profundamente transversales, nos afectan a todos.” (pág. 234). Y, en segundo lugar, que esta no se contradice con que a nivel discursivo no se considere que se deba priorizar la cuestión material sobre el resto de cuestiones, sin llevarnos por ello a engaños. Aunque no haya que considerar que haya conflictos de primera y de segunda tampoco se trata de horizontalidad. No es una cuestión ordinal, sino de la relación que establecen los conflictos  entre sí, siendo la cuestión de clase la que entronca, por su sustento material, con el resto de cuestiones. Aunque Bernabé habla sobre esto para clarificar esta postura me referiré a las palabras de Slavoj Žižek en La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror:

No significa que la lucha de clases sea el referente definitivo y horizonte de sentido de todas las otras luchas; significa que la lucha de clases es el principio estructurador que nos permite dar cuenta de la propia pluralidad “inconsciente” de los modos en los que el resto de antagonismos pueden ser articulados en “cadenas de equivalencias”. Por ejemplo, la lucha feminista puede ser articulada en una cadena junto a la lucha progresista por la emancipación, o puede funcionar como una herramienta ideológica con la que las clases medias-altas afirman su superioridad sobre las clases bajas “patriarcales e intolerantes”

 

La confusión garzonista

Por último, me gustaría hacer referencia a la que es la mejor crítica sobre La trampa de la diversidad de cuantas he leído, que es la de Alberto Garzón en El Diario, concretamente al respecto de la ausencia de una “conclusión política tan fuerte como sus hipótesis, […]sin proporcionar herramientas para combatirla”.

Desde la modestia, es una exigencia un tanto peregrina la de pedirle a Bernabé soluciones al problema que plantea. Si La trampa de la diversidad tiene un objetivo ese es el de advertirnos de los problemas de atomización social que la diversidad ligada al espíritu neoliberal ha traído consigo, pero no es en ningún caso una guía que nos deba dar las soluciones hechas y que de hecho las soluciones no vendrán dadas en ningún caso. Habría que hacerle entender a Garzón que la solución a la trampa de la diversidad solo se puede hacer del debate desde abajo en organizaciones y partidos y del empuje en la agenda política de cuestiones más allá de lo simbólico. Frente a la política de los calcetines de Trudeau, de los desfiles militares a ritmo de Daft Punk de Macron y de los ministerios de apariencia inclusiva y fondo continuista en lo económico de Sánchez, desde la izquierda solo se puede responder con la acción colectiva, lo contrario será seguir haciendo el juego a la trampa de la diversidad. Ese es un camino que hay que construir y que no vendrá marcado.

Me dejo bastantes cuestiones como todo el tema de la ultraderecha y la relación entre la cultura de masas y la trampa de la diversidad. En cualquier caso, mi objetivo no es abarcar la totalidad del libro de Bernabé, sino un acercamiento a sus conceptos más importantes e interesantes y la crítica que ya se ha empezado a generar en torno a él.1b4184fe-4d1a-4085-b8c5-66db3149838a.jpg

La trampa de la diversidad es un libro que sirve de defensa contra los argumentos del individualismo que nos llega desde fuera y como vía de crítica interna, a fortalecer el debate interno en pro de la acción colectiva y a saber identificar los ataques menos aparentes del neoliberalismo. Nos ayuda a desarmar con más facilidad el discurso de personajes como Jordan Peterson y la fauna Alt-Right de 4Chan y sus reflejos berlanguianos de personajes como el youtuber “Un Tío Blanco Hetero” o Forocoches sin por ello caer en la facilidad de la crítica a las políticas de diversidad alineándonos así con estos personajes.

Frente a la política como producto, el mercado de la diversidad y la reacción al mismo desde la individualidad, pero sobre todo frente a los efectos de todo ello en el activismo, La trampa de la diversidad es un recomendable punto desde el que empezar a plantearse estas y más cuestiones.

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Acerca de Economia Alternativa UCM

Estudiantes de la Facultad de Económicas y Empresariales de la UCM, luchando por una Economía plural y por nuestros derechos desde 1994
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